El texto de la obra o tejer con un hacha

La Majo no cree en las casualidades, yo sí, o eso creía.
Hace un poco más de un año buscaba confirmar mis intuiciones con las suyas sobre lo que escribir le hace al pensamiento. Tenía como hipótesis que se pensaba distinto y que se llegaba a conclusiones o lugares a los que no se podía llegar por otro camino.
Entre eso y cierta inquietud compartida, decidimos seguir el consejo de nuestros docentes: Si hay una convocatoria, ustedes manden, así se aprende a armar un proyecto. Además, uno nunca sabe cuándo lo van a seleccionar, pero es cierto que si uno no manda puede estar seguro de que no va a pasar nada.
Pero pasaron cosas. Nos recomendaron el taller "El texto de la obra" de Silvia Gurfein, quién, con mucha predisposición y buena onda, nos envío todo lo que necesitabamos para aplicar a las Becas Formación del Fondo Nacional de las Artes.
El proyecto consistía en que Silvia viniese a Tucumán y dictara aquí el taller para 20 personas. No había mucho más para decir, además de confesar nuestro interés por la escritura y por el tratamiento que se merecen las ideas.
Mandamos el proyecto, cerró la convocatoria, pasó el tiempo, nos olvidamos y un día, mientras esperaba el agua para el mate, llegó uno de esos mensajes que uno no entiende del todo, con esas noticias en las que nunca se termina de caer y que dan lugar a hechos como los que se desarrollaron durante estos últimos días.
El tiempo volvió a moverse y ahora estoy aquí, sentado en la mesa frente al cuaderno. El taller terminó, Silvia volvió a Buenos Aires y yo estoy intentando traducir ciertas emociones y pensamientos en este texto.
Traducir es renunciar, nos dijo Silvia. También nos dijo que renunciar es seleccionar, que es intuición y es conocimiento. Es pensar y buscar en un diccionario o en los recortes extraños de una hermosa biblioteca. Que escribir es despegarse, es acomodar, es alimentar el mundo propio, como quien riega una plantita, es saber que hay mucho escrito y muy bueno, es reconocer matices y posibilidades, pensar lo que nos cuesta definir, navegar, alejarse del puerto, sin miedo, sabiendo que siempre se vuelve y se vuelve con algo en las redes.
Es multiplicar las posibilidades del yo, es compartir la intimidad del pensamiento y escuchar como otros reaccionan a eso, es registrar y reconocer las distintas personalidades de quienes escriben, es un trabajo intenso, agotador y sumamente gratificante, es conocerse a uno mismo una y otra vez.
Hace tiempo sé que ninguna de mis palabras es realmente mía, la mayoría del párrafo anterior son de Silvia. Texto, nos dijo, viene del latín textere que significa tejer, así como de la raíz indoeuropea teks que significa tejer, fabricar con hacha.
Hay poetas que definieron la poesía como un cuchillo sin cabo ni filo, o un árbol sin tronco ni copa, pero creo que tejer con un hacha tiene alcances más profundos de los que incluso hoy sospechamos.
La Majo no cree en las casualidades, yo estoy dejando de creer.




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