Leo los signos equivocados.
Hace un par de noches conocí a un supuesto brujo. Me habló de lo irracional, me habló en el lenguaje de los brujos. Y yo no logré entenderle. Todo lo que se puede explicar con palabras se convierte en racional. Contradicciones.
Si mi cabeza me dice lo que es correcto ya me encargo yo de desmentirlo. Pero, ¿qué es correcto, y por qué? Al final, correcto significa vulnerable. Y algunos nos empeñamos en desmembrar ese disfraz, y en asomarnos a lo que sí asusta. Ficción y realidad, ya no se trata de eso. Porque si no, estaríamos locos, y no es así. No se pueden desligar las cosas, las causas y los efectos de nada ¿El medio y el fin, eh María? Uff, lo tenemos difícil, y eso es lo que queremos, imagino.
En serio, no consigo decodificar las señales que encuentro a mi paso. Si está lloviendo, me cubro con el paraguas, si no encuentro la salida, me meto hasta el fondo y mantengo la esperanza de que algo sucederá, alguien me salvará, o encontraré la respuesta correcta. Y si no, algo quedará. Alguna prueba de que seguimos con vida, que es lo esencial. ¿Qué pasó? ¿y en qué momento? Nos perdimos el acondicionamiento elemental, a los tres años ya es demasiado tarde, y no se puede culpar a nadie. Siempre hay algún objeto defectuoso en una cadena de montaje.
También existen los momentos de calma. Cuando estoy con la persona amada siento que estoy viva pero a salvo. Casi siempre, excepto si estoy demasiado a oscuras. Hay calma si hay un abrazo sincero. Si hay música y luz que entra por la ventana. Ya ves, no es tanto lo que necesito. Hay calma cuando quiero creer, y creo. Que todo saldrá bien. Que aún podemos estar bien, y hacer cosas pequeñas que sean importantes. Que se puede ser honesto y no equivocarse. Que se pueden seguir direcciones paralelas y hallar cierta armonía. Que puede que me acepte así, porque sí. Y que todo esto no es más que el resultado de una temporada en las que suceden cosas desde dentro, y tendrá que haber un resultado. Y que sea cual sea, tendrá que ser bienvenido.
1 comentarios:
tu propio caos es lo que va a salvarte querida ana.
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